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El cisne negro (2010) Darren Aronofsky

♥♥♥

Algo puedo asegurar: es difícil no quedar agarrado de la silla mientras contemplamos la caída de  Nina Sayers, una disciplinada y obsesiva  bailarina de ballet que parece haber alcanzado, por fin, la cumbre de su carrera artística tras convertirse, quién lo creyera, en su peor enemiga.

Nos lo habían advertido, es un thriller psicológico. Natalie Portman , quien encarna con soltura y valentía a la compleja bailarina no ha hecho más que repetir en las entrevistas que este fue el papel más difícil de los que ha hecho. Pero dudamos, porque podían ser amenazas sueltas al aire, de esas que cada tanto se escuchan por ahí y que al final nos dejan, cuando emergemos de la oscuridad de la sala de cine, descontentos y aburridos. Sin embargo, esta vez, dijeron la verdad.

Atentos, expectantes y angustiados seguimos a la bella y aparentemente frágil Nina mientras recorre uno a uno las difíciles pruebas que le depara el haber sido escogida para interpretar el doble papel  de la reina y su malvada hermana en El lago de los cisnes. Su suavidad y delicadeza hacen que sea la mejor en el primer rol pero ¿encontrará la oscuridad necesaria para personificar el segundo, el temible cisne negro?  A primera vista no parecería fácil, es tan psicorígida y contenida, sabe tan poco de la vida. El reto no es poco, el problema radica en que Nina es perfeccionista hasta la obsesión y su vida es y ha sido el ballet, ninguno otra cosa tiene sentido para esta joven bailarina, que, por si fuera poco lo anterior, está cumpliendo el sueño truncado de su inestable madre. Cuando  menos nos demos cuenta estaremos dentro de ella, observando el mundo como solo alguien sometido a tanta presión externa e interna y con una vida familiar y social completamente disfuncional podría hacerlo .

Aronosfky utiliza, con ese fin, varios de sus recursos conocidos, una cámara al hombro que sigue al protagonista , como en El luchador,  nos da la sensación de ser testigos exclusivos de una intimidad que de otra forma nos sería negada , mientras, a la vez,  explora estados alterados de la conciencia como lo hizo en la menos afortunada, a mi modo de ver, Réquiem por un sueño.

¿Qué sale de esta combinación? Primero, el cuerpo se yergue como el gran protagonista de la cinta,  un cuerpo doblegado, adolorido, esculpido con precisión y constancia; sentimos que cada movimiento del ballet, cada giro, cada instante le cuesta algo a ese cuerpo maltratado que parece, de manera progresiva, ser  menos capaz de  contener  una psiquis en la que se  diluye lentamente la delgada línea que divide la actuación con la realidad.

Al final tras la impresionante pirotecnia desplegada  ¿qué queda?  Unas actuaciones sólidas, sobre todo la de Natalie Portman  que termina por ratificar, si es que esto era necesario, su gran talento, y  La sensación de que algunas cosas, ciertos efectos fueron demasiado, quizás no  era  necesario subrayar con tanta insistencia lo que se deseaba hacer  visible.

Violenta, desgarrada no apta para una tarde de sano esparcimiento familiar, espíritus impresionables, perfeccionistas consumados, personas que vayan a dormir solas esa noche o madres que financian las clases de ballet para sus dulces niñas.