El gato que ve

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La intérprete (2005)

Fueron largos días de silencio, supongo que a veces es necesario resguardarse, “limpiar el closet” y mirar el sol desde la ventana…

En días pasados vi La interprete, película dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Sean Penn y Nicole Kidman.
Más que hacer una larga y extensa reseña crítica quería decir, simplemente, que la película me conmovió mucho…. Por alguna razón llegué a ella sin muchas expectativas y sobre todo, porque alguien que me escribió en este blog me la había recomendado.

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Me conmoví con la historia humana y dolorosa de los personajes principales y con las actuaciones de esos dos grandes actores que son Penn y Kidman (ella ha sabido demostrarlo con creces en sus últimas películas). Ahí están estos dos seres abatidos, Silvia, la interprete solitaria, que se ha construido un mundo donde habitar con su tristeza. Esta mujer de apariencia frágil que por dentro ha sobrellevado las más terribles pruebas, que está llena de dolor, de rabia de impotencia y que con eso intenta, como puede, buscar su lugar en el mundo.

Nacida en África creció con la ilusión de que un líder lleno de ideales sería capaz de devolver el rumbo a su país, con el tiempo lo que comprueba es que el poder corrompe y que los ideales se remplazan con mezquindades y muertes. Silvia ha creído en una causa y ha visto a los suyos perecer por ella, ¿qué le queda frente a la desolación y el desconsuelo?, ¿de qué asirse cuándo ya no se puede creer en nada ni en nadie? Penn, por su parte, le da vida a Tobin, un policía que perdió a su mujer hace apenas dos semanas. El hecho de por sí doloroso lo es aún más cuando sabemos que ella era una cabaretera que usualmente lo abandonada y después regresaba arrepentida, hasta que tras sufrir un inesperado accidente de tránsito no lo puede hacer más. Penn carga ese dolor cuando se encuentra a Silvia y de alguna manera consigue sintonizarse con ella desde la rabia y la impotencia…

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Mirándose con recelo y desconfianza, Tobin debe acercarse a esta mujer, testigo clave de un complot de asesinato. Con el paso de las horas consiguen sobreponerse a las barreras que los separan y acompañarse desde lo más profundo de sus corazones. Los que esperan besos románticos, miradas aleladas no verán aquí satisfechas esas necesidades porque lo que une a esta pareja de solitarios es el dolor, lo que puedo decir es que encontrar compañeros durante trances de esos genera vínculos muy fuertes y eso es lo que uno siente con esta pareja… que aunque no vayan a estar juntos, aunque el camino de cada uno los separe, hay un lazo que los ha unido y que les dará fuerzas para seguir porque en últimas, lo que todos necesitamos para respirar sin dolor el aire que nos rodea y no ahogarnos en nuestras propias lágrimas es tener la certeza de que no estamos solos.
Al final, la cámara planea en el inmenso agujero que dejaron las desaparecidas Torres Gemelas, nada mejor para culminar una historia en la que la rabia y el deseo de venganza deben superarse para poder, al fin, respirar en paz.

Charlie y la fabrica de chocolate (2005)

Tras ver la última película de Tim Burton, salí del teatro feliz con la clara sensación de haber tenido una verdadera experiencia cinematográfica, ¿en qué puede consistir eso?

Yo diría que es aproximarse a la realidad con nuevos ojos, no alejarse de ella como aseveran algunos detractores, es multiplicar nuestra pequeña existencia en otras miradas, redescubrirnos. Los que disfrutamos el cine lo hacemos porque, como la literatura, nos brinda posibilidades de “leer” el mundo, de “leer” nuestro interior.

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En general me encantan las películas de Tim Burton, su estética oscura y particular me seduce. Me parece que tiene una manera muy personal de contar lo que quiere decir y que en ella lo visual (como buen cineasta) está cargado de significado. He de decir también que su estética se ha ido depurando y que sus películas suelen depararme agradables sorpresas. Charlie y la fábrica de chocolate, no solo no me decepcionó si no que además superó mis expectativas. El punto de partida que escogió Burton para su proyecto no pudo ser mejor: adaptar la conocida novela de Roald Dahl del mismo nombre. Para los que no conocen la obra de este inglés de antecedentes noruegos se las recomiendo vividamente, sus libros son aproximaciones lúcidas al mundo infantil llenas de ironía y desparpajo. En sus relatos no faltan lo siniestro, los temores, lo oscuro y el humor, elementos propios de la niñez que Dahl desarrolla de maneras muy afortunadas.. Pienso en Matilda con esos padres que no la aceptan ni comprenden (¿qué puede ser peor que ser rechazado por sus propios padres?), en los Cuentos en verso para niños perversosen dónde Dahl toma relatos clásicos comoCaperucita roja, La cenicienta o Los trescerditos y les da giros inesperados. El lector de Dahl ( niño o adulto) difícilmente no queda seducido con sus guiños, su ironía y la inclemencia con la que trata ciertos personajes.

Tim Burton percibe con claridad el lado subversivo y perverso de Dahl y lo explota al máximo en su adaptación cinematográfica. El protagonista de la historia es Charlie, un niño sumamente pobre que vive con su familia (papás y abuelos) en una miserable casita muy cerca de la famosa fábrica de Chocolates de Willy Wonka de la cuál salen los mejores chocolates del mundo pero a la que nunca se ve que nadie entre. Charlie es un niño sabio y generoso porque ha aprendido tras las difíciles adversidades económicas que lo importante no se encuentra en lo material o, por decirlo al estilo Principito, parafraseando a Saint – Exupery, “que lo esencial es invisible a los ojos.”

Charlie no se trasforma durante la película, él ya tiene claro que su fortaleza es tener una familia unida y que el amor de quienes lo rodean es su mejor tesoro, por eso, solo por eso, sabe que los dulces son perfectos porque no sirven para nada porque no tienen ningún sentido ni significado profundo sino que comerlos proporciona placer, un placer que debe apreciarse y compartir con otros. Poder mirar el mundo con esa sencillez y naturalidad lo hace diferente a los otros niños de la película: al glotón convulsivo, que come sin límite; a la niña que ansía ganar a toda costa; a la consentida malcriada que considera que se lo merece todo o al “sabelotodo” que ha adquirido todo su conocimiento a punta de videojuegos y horas interminables de televisión ( ¿no es aterradora la escena del niño de mirada exaltada jugando con su videojuego y gritando “muere, muere” frente a la pantalla de su televisor?).

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La diferencia esencial entre Charlie y los otros niños de la película es que estos últimos se encuentran embarcados ya en un mundo de adultos en el que se persigue permanentemente la satisfacción de los deseos y se olvidan otras cosas… Tim Burton capta a la perfección la esencia robótica y deforme de estos niños y los contrasta con Charlie y su familia, los únicos que se ven verdaderamente humanos en la película.
Pero retomemos la trama, gracias a que obtiene un tiquete dorado Charlie tendrá la posibilidad de conocer al excéntrico Willy Wonka, suerte de Howard Huhges que tras sus inventos geniales a optado por esconderse del mundo. Tim Burton se centra en ese personaje interpretado de manera magistral por Johnny Deep, del que me declaro fan incondicional, con meticulosidad Deep consigue darle vida a este ser extraño, suerte de Michael Jackson (Deep lo utilizó como inspiración) que no desea crecer y que, por sobre todas las cosas, no ha podido superar la difícil relación con su padre (aporte personal de Burton a la película). Wonka se ha encerrado lejos del mundo y se ha rodeado de los Oompa-Loompa seres de fantasía, que Burton muestra como clones idénticos que terminan por no ser una compañía humana sino más bien una suerte de alteregos trabajadores. (Mención aparte merecen las intervenciones musicales de los Oompa-Loompa cargadas de guiños al espectador.)

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El final, en esta particular película llena de colorido, ironía y crítica los niños deshumanizados son castigados y Wonka podrá dejar su temible soledad e integrarse a la familia de Charlie, porque, como le gustaba mostrar a Dahl, a lo largo de nuestra vida tenemos la posibilidad de construirnos una nueva y amorosa familia en la que podremos recibir todo el afecto, cariño y comprensión que merecemos, y ser, al fin, aceptados como somos.

Los cuatro fantásticos (2005)

Hay que decir varias cosas: la primera, me decepcionó el cine de Chapinero, la película, francamente no se veía bien y el sonido era bastante regular. Por si esto fuera poco me metí, sin saberlo, en una versión doblada de la película cosa que tampoco ayudó . A favor diré que iba en buena compañía y que a fuerza de comentarios y chistes terminé por pasar un buen rato.
Pero entremos en materia, me propongo intentar explicar por qué no me convenció la película. Aclaro que no fui con muchas expectativas al cine, no conozco el cómic original de los 4 fantásticos (primer gran éxito de Marvel, creado en 1961 por Stan Lee y Jack Kirby), en mi niñez había visto la serie de dibujos animados pero tampoco tenía muchos recuerdos de ciertos pormenores así que no iba en ánimo de cortar cabezas por profanadores.
La historia no es muy complicada, bajo el mando de Reed Richards, un inteligente científico pero poco hábil en la cotidianidad, un grupo de especialistas incursiona en el espacio para investigar el ADN, una tormenta cósmica los tomará por sorpresa y afectará su cadena genética otorgándoles superpoderes.
Empecemos con lo bueno, a la película le abono que mantiene vivo un espíritu ochentero propio del momento en que la serie de dibujos animados cosechó sus éxitos; por ejemplo, Sue Storm parece toda una diva pop de la época con su peinado enbombado y su pelo dorado. La ropa en general mantiene también ese estilo y todos se ven muy bien con su trajecito de los 4 fantásticos (pregunta capciosa: ¿quién y en qué momento le cosió, al final, el pantalón a la mole?) La historia de amor cumple también los parámetros de los 80, el esperado beso llega solo hasta el final tras una larga sucesión de coqueteos de los protagonistas. Además de la onda un tanto retro los efectos especiales están bien logrados y varias escenas están muy bien hechas, como la secuencia en la que los protagonistas empiezan a tomar conciencia de sus poderes o el accidente que ocasiona la mole en el puente.
¿Qué falla? En general me parece que la historia, (paradójico teniendo en cuenta que el apellido del director es Story) y el desarrollo de los personajes. Es realmente difícil encariñarse con ellos, el “cerebro” del grupo es demasiado dubitativo, temeroso e indeciso y no trasmite muchas emociones, la linda Sue también queda bastante plana y la historia de amor no consigue conmover ni un poco. No vemos verdaderas “miradas” de enamorados, la resolución del conflicto amoroso también es muy simple el salto abrupto de “¿por qué te dio miedo vivir conmigo? “ a “Sí, acepto ser tu esposa” me pareció bastante traído de los cabellos, pero, lo más seguro es que estas sean sutilezas. La antorcha humana, el personaje divertido y ligero lo es quizás demasiado…. La antorcha espera ver satisfechos sus deseos de manera fácil y rápida (quizás por eso es puro fuego), en resumidas el sólo espera cosechar los frutos de su nueva condición, entiéndase esto como tener mujeres y carros lujosos. La idea refleja muy probablemente el sentir de muchos quinceañeros (y no tan quinceañeros) y no está mal para comedia americana pero es difícil sentir mucha empatía por un superhéroe tan frívolo, por lo menos en mi caso.
El malo es Van Doom, un famoso malvado de los cómics conocido con el nombre de Doctor muerte o Magneto, el actor Julian McMahon tiene el reto de encarnarlo y de mostrar su trasformación (a él también lo afecta la tormenta cósmica) sin embargo, McMahon no tiene la fuerza, ni el carisma para desarrollarlo y su personaje es francamente una burda imitación de su papel como demonio enCharmed en el que se veía mucho más convincente. Para rematar, la historia no lo ayuda, este malévolo personaje no aspira, en la película, a controlar el mundo o acabar con la especie humana como cualquier archienemigo que se respete, él se conforma con hacerle pasar un mal rato a su ex prometida Sue y a su rival Reeds, así que todo queda reducido a unas historias muy personales y mezquinas. El mejor personaje de la película, a mi gusto, es, sin duda, la mole quizás porque en él sí se mantienen ciertas características que disfruto de las películas de superhéroes. La tormenta lo afecta a él drásticamente y cambia su aspecto físico de una manera que parece irreversible. El padecimiento de la mole me recordó mi película favorita del género de los superhéroes Spider man 2 en la que Parker tiene una crisis debido a que desearía abandonar su papel como benefactor con tal de gozar de una existencia normal. La mole, por su parte, no tarda en descubrir que al cambiar su físico su vida entera se verá afectada, somos lo que ven de nosotros y su trasformación lo aleja de la vida que llevaba hasta entonces; la gente lo mira aterrada, su novia que lo amaba lo abandona decepcionada tras su metamorfosis y, para no ir más lejos, los actos más cotidianos, tomar un vaso o agarrar un tenedor se le convierten en verdaderas odiseas. La mole ve afectada su identidad, como ocurre con otros superhéroes, Spider man, Batman o aún los X-men… seres que por su particular condición se ven imposibilitados de llevar una vida común, llamados a vivir un destino extraordinario se debaten constantemente entre el deber y la desazón que les hace sentir no poder ser “normales”, signo claro de esa separación de esa escisión que afrontan, es el hecho de tener que ocultar su verdadera identidad ya sea a través de máscaras, disfraces o buscando escondites. El conflicto interno del “héroe” es permanente y lo obliga a ratificar su condición de exilado del mundo e intentar asumirla con valentía. Pero la mole es la excepción, los demás fantásticos (bautizados así por la prensa), no se ocultan (no esconden su rostro o verdadera identidad), por el contrario son rápidamente reconocidos por la calle, esperados por fanáticos, y convertidos en portada de revista.
Tras 1 hora y 40 minutos de película y acción a estos “héroes” no se les ha pasado por la mente utilizar sus poderes por el bien de la humanidad (¿no es lo mínimo?) lección que Parker aprende de la manera más dura en la primera parte de Spider Man “un gran poder implica una gran responsabilidad”. Los fantásticos se debaten entre sus niñerías, sus pequeñas vidas y ni siquiera nos convencen sus precarios discursos científicos en los parecieran interesarse por el bienestar mundial; las pocas vidas que salvan lo hacen tras ellos mismos haber iniciado el problema y al final aceptan sus destinos pareciera más por el embeleso de los flashes y las cámaras que por un nuevo compromiso o una transformación más profunda.
Evidentemente viene una segunda parte y quizás esta sea mejor pero el sabor que me deja esta primera experiencia es un tanto insípido.
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Dos historias para pensar en el amor

Curioso caso el de anoche… ayer en A&E Mundo dieron Los puentes de Madison, película protagonizada por Meryll Streep y Clint Eastwook. Durante el día había hablado de esa película y fue una grata sorpresa topársela ya en la noche cuando el silencio se apoderaba de la casa. La película es francamente fantástica, ahí están estos dos veteranos, este fotógrafo de la Nacional Geografic y el ama de casa de un pequeño pueblo de Iowa enfrascados en el descubrimiento de una mutua pasión. El destino se confabula para regalarles unos días y entonces se pueden amar.. los ves bailando, mirándose, temerosos primero, después felices, plenos, pero… claro , es imposible que dure. Francesca decide quedarse junto a su marido en un acto que podría interpretare como cobardía pero que es muchas cosas, es asumir un compromiso establecido, quedarse al frente de un hogar que es un proyecto en el que ya estaba embarcada y dejar esos cuatro días congelados en un recuerdo hermoso e intenso que ya no solo nunca le será arrebatado sino que además será eterno. No abandonar a su familia tras el fotógrafo de estabilidad incierta, tras este “ciudadano del mundo” que ya una vez fracasó en establecer un hogar tiene lógica porque tras esos días intensos vendría otra cosa, el día al día, los amaneceres iguales y la culpa por haber abandonado a sus hijos…. Ella se queda y atesora esos días y los convierte en un recuerdo del que puede nutrirse cuando las mareas están bajas, cuando la vida pierde su sentido. Claro, es una decisión difícil y doloroso que supone, también, un sacrificio. Ahora bien, lo curioso es que ayer dieron, en Fox, al tiempo, Una buena chica, película protagonizada por Jennifer Aniston y Jake Gyllenhaal. En ella Aniston encarna a Justine una cajera de supermercado que ha visto pasar frente así sus mejores años cumpliendo con un trabajo mediocre y al lado de un marido que pasa la mayor parte del tiendo viendo televisión mientras fuma marihuana junto a su amigo Bubba. La película se detiene varias veces en la mirada, cada vez más, perdida y vacía de Aniston que abraza con resignación tan triste destino. Aparece entonces el joven Holden (Gyllenhaal) quien se autodenomina así mismo con el nombre del personaje de El guardian entre el centeno. Este joven apasionado, con ambiciones de escritor, descubre en la acongojada Justine un alma gemela (“los dos somos unos abusados, unos incomprendidos”) e iniciarán un apasionado romance. Lo que al inicio devuelve el brillo a los ojos de Justine termina por convertirse en una trampa, es imposible seguir así. El joven Holden está enamorado y desea acabar, de una buena vez, con esa vida de apariencias, huir, hacer algo, tomar las riendas de una vida que los aplasta. Justine por el contrario parece enfrascase más en su vida miserable, y hasta acepta acostarse con Bubba en una terrible escena de sexo con tal de que su secreto no salga a la luz. Enfrentada a la disyuntiva de si continuar su vida monótona y oprimida o huir con este muchacho desestabilizado, casi un niño, atormentado y depresivo opta por lo malo conocido. Es entendible, como lo es la decisión de Francesca en la película de Eastwook, pero lo que duele y lastima de Una buena chica es que Justine optará por su propio bienestar, ese bienestar mediocre y deslucido, a costa de otros, a costa de su propia vida, y preferirá ser “una buena chica” y sacrificar a Holden de la peor manera, destruir, para siempre, cualquier posible vía de escape. Aunque existe, como se ve, cierto paralelismo entre las dos historias las diferencia algo terrible, en la primera, el amor consigue convertirse en una experiencia intensa de comunicación con otro y, sobre todo, en motor de vida, de autoaceptación e impulso vital. En la segunda, lo que inicia de esa manera termina doblegado por la mezquinad y el egoísmo, por un entorno de incomunicados, de existencias monótonas a las que ya nada puede devolverles la vitalidad. Tras la aventura, qué horror, para Justine no solo nada habrá cambiado sino que ahora sus grilletes son aún más fuertes.

Mi nombre es Dina (2002)

 

La acción ocurre en Noruega a mediados del XIX. La protagonista, Dina, es quien nos contará su historia. “Mi nombre es Dina, no soy nadie” dice muy pronto… Difícil no estremecerse durante los primeros 15 minutos de la película tras la trágica y espantosa muerte de la madre causada, por accidente, por la pequeña Dina. La secuencia es espantosa y es, más que evidente, que la psique de la niña, ya no será la misma a partir de ese momento. (No puedo dejar de señalar que la actriz Pernilla August parece estar especializándose en los papeles de madre que muere trágicamente, recordemos el Capítulo II de Star Wars). Dina se ha quedado sola y su padre la culpa por lo ocurrido, desde ese momento deja de verla, está allí pero la ignora, y si la mira y si por un instante la ve es para castigarla, de alguna manera, por lo ocurrido.

Abandonada a su suerte, lacerada y dolida Dina se convertirá en una especie de animal salvaje. Aprenderá a mirar el mundo con ojos asustados pero sabrá exactamente cómo defenderse. De su autismo será rescata por su profesor particular quien logrará conectarla con la realidad a través de la música. Sin embargo, no será esta el epicentro de la película, no es una historia de auto superación a través de la música; la fascinación de Dina hacia ella es, más bien, la de un animal salvaje ante melodías armoniosas. La música consigue calmarla y se convertirá, desde el momento en que será capaz de interpretarla, en una herramienta para canalizar sus pasiones. Porque en la protagonista conviven dos fuerzas, una vital y salvaje, llena de coraje y erotismo (como lo descubre tras su matrimonio por conveniencia) y otra oscura que la vincula para siempre con el mundo de los muertos. Para recuperar un poco la cordura, su mente infantil la ha hecho creer que causar la muerte de su madre era necesario para aliviarla de dolores y sufrimientos y a partir de ese momento se sentirá vinculada fatalmente con la muerte y capaz de producirla en aquellos que la rodean (cosa que de una u otra forma termina por ser cierta).
Dina, fuerte, inteligente, caprichosa y decidida camina descalza con sus vestidos sueltos desafiando una época y un modo de ser. Ama con pasión pero no encuentra sosiego a sus impulsos, a las fuerzas del erotismo y muerte (Eros y Tanatos) que cohabitan en su interior.

¿Quién la puede rescatar de esa disyuntiva? Su maestro, antes de morir, le aconseja que viva y ame, que no se muera sola. Dina lo intenta pero las relaciones humanas son complejas y abrir su corazón es algo que no se aprende en medio de la batalla por sobrevivir.

La película es la adaptación de un libro cosa que se hace evidente en la construcción de personajes complejos y en las múltiples relaciones que entreteje. Precisamente, por el afán de condensar mucha información, algunas historias no se desarrollan del todo y queda uno que otro cabo suelto, pero en general es una historia creíble y trágica, enmarcada por una fotografía cuidadosa que se regodea con los preciosos e imponentes paisajes Noruegos en los que se percibe la fuerza desmedida de la naturaleza. . El sabor del final es ambiguo ( nos recuerda El piano de Jane Campion), Dina no está dispuesta a permitir ser abandonada por quienes ama y ese es un propósito muy difícil y doloroso porque de una u otra forma siempre terminamos solos.

Tras los subtítulos queremos pensar que ella se ha liberado, que el amor, quizás, pueda sanar sus heridas, pero la película ha sembrado la inquietud, lo que se pide es difícil, las fuerzas condensadas en Dina conviven en un frágil equilibrio que tiende a resquebrajarse y los deseos formulados por una niña asustada y culpable pueden volverse mortales, ¿no es eso, acaso, lo que esa mirada inquietante del final nos trasmite?

La venganza de los Sith, Episodio III (2005)

El 19 de mayo se realizó el estreno mundial del tercer capítulo de Star Wars; hubo colas enormes en todo el mundo, fanáticos acamparon disfrazados esperando con sus espadas de láser poder ingresar de primeros a las salas de cine.

 

Quizás eso ya no nos sorprende ahora que vemos a los niños abarrotados para asistir a la premier de Harry Potter o que Barney vende millones de su último éxito “Feliz en la granja”, es decir, es evidente que el ser humano es propenso a esas manifestaciones exageradas y propenso, como en el caso de Barney, al desarrollo del mal gusto desde temprana edad. Sin embargo, es necesario aclarar que la saga de Star Wars es pionera en estas lides de la mercadotecnia, antes de que el mercado se inundara de muñequitos, libros para colorear y cómics de personajes de películas la gente ansiaba tener un Yoda o un Luke SkyWalker consigo. El fenómeno mediático que logró George Lucas es difícilmente igualable y le sirvió para consolidar un imperio. Es cierto que ahora te venden cualquier cosa con buena publicidad (vuelvo a Barney o, peor aún, a los Teletubbies) pero para haber iniciado ese mercado era necesario contar con un buen producto y Stars Wars lo es. Para decirlo de manera concreta es una buena historia con personajes entrañables y que está muy bien contada. Así de simple. Hay cientos de páginas en Internet que intentan descifrar la fascinación de estas películas, en apariencia tan simples, y la seducción que han logrado ejercer en varias generaciones.

Yo quiero señalar algunos de los aspectos que me parecen esenciales para comprender ese fenómeno y que, además, me permitirán hablar con propiedad de lo que produce este cierre magistral, a mi modo de ver, que es La venganza de los Sith.

Jorge Luis Borges solía alabar las virtudes del gaucho valiente que sabía luchar con cuchillo, hombre osado que no temía el enfrentamiento directo que permite el puñal y que apreciaba el sutil código de honor, el respeto por el enemigo desarmado, la tradición y la palabra. Lo cierto es que es una figura que seduce a muchos y que se encuentran estrechamente emparentada con la idea del Caballero propia de la Edad Media. El cine actual viene hace unos años sucumbiendo ante este modelo de héroe en el que un hombre enfrenta con dignidad a su enemigo, baste citar algunos ejemplos recientes como, El último Samurai, El señor de los anillos o Cruzada, y miren ustedes cómo en las tres el héroe realiza un camino de autodescubrimiento estrechamente relacionado con la manera en que aprende a usar la espada. Los héroes épicos pelean cuerpo a cuerpo, se espera verlos enfrentar a sus enemigos directamente, vencerlos en combates limpios en lo que prime la fuerza, la destreza y la inteligencia sobre la potencia de cualquier arma como lo hace Sin Nombre en Héroe o Balian deCruzada.

En 1977 George Lucas presentó Una nueva esperanza(capítulo IV de la saga) realizando una aventurada fusión: la idea de una orden de caballería, los Jedis, trasladada hacia el futuro. Es así como en Star Wars, aunque los adelantos tecnológicos permiten viajar a la velocidad de la luz, las diferentes razas interplanetarias interactúan y existen nuevas y poderosas armas, las batallas decisivas se libran cuerpo a cuerpo con la ayuda de las espadas láser. Los Jedis respetan, en esencia, los parámetros establecidos desde el rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda y aquí es importante aclarar que las adaptaciones cinematográficas al respecto del séquito de Arturo se centran en las batallas olvidando, muchas veces, el trasfondo mítico y mágico que tienen esas historias. En resumidas, la búsqueda de los caballeros por el Santo Grial se asemeja muchísimo a la búsqueda de los Jedis por lograr la comunicación con la Fuerza y convertirse en instrumento de ella. En los dos casos hacerse caballero es internarse en una ardua y dispendiosa experiencia espiritual que exige numerosas pruebas y sacrificios (muchos comparan a los Jedis con budistas Zen). Lucas, que conoce muy bien los mitos, sabe que a toda fuerza positiva hay que oponer una negativa, en este caso serán los Sith, avezados guerreros que han optado por abandonar la Fuerza y unirse al Lado Oscuro. En últimas, lo que traduce esto es que los Sith han decidido destinar sus capacidades no en beneficio de algo más grande (la Fuerza) si no en beneficio personal. El Sith es ambicioso, vengativo, traidor, y claro, liberar esas bajas pasiones le otorga mucho poder (cualquier parecido con nuestros políticos es pura coincidencia).Mientras el Jedi intenta por todos los medios controlarse, el Sith explora los desafueros de las pasiones, es allí de dónde se nutre su fuerza. 

Para este enfrentamiento de poderes Lucas se aventura en la creación de todo un orden intergaláctico en el que seres de diferentes planetas intentan cohabitar (muy al estilo de Tolkien y sus diferentes razas). La fuerza dramática de la saga recae sobre todo en los humanos, y es uno de ellos quién tejerá las redes para conseguir el triunfo del lado oscuro, y otro, el elegido para reestablecer el orden (de nuevo muy por la línea de El Señor de los anillos). Sobre los personajes secundarios sólo quisiera añadir que es admirable la capacidad de Lucas para crear inusuales personajes y hacerlos entrañables como es el caso de R2 D2 (qué decepción saber que no se llamaba Arturito) este robot que carece de mirada y expresiones faciales y que sin embargo es capaz de trasmitir emociones, o el fiel Chewaka una especie de afgano gigante, leal a quien lo liberó de la esclavitud y que como lenguaje solo posee una especie de gemidos.

He aquí el logro de Lucas, la creación de un mundo imaginario, ubicado en el futuro pero con referencias que hacen parte de nuestra memoria colectiva y todo esto utilizado como escenario para la narración de una historia profundamente humana.

Ahora bien, sobre La venganza de los Sith, este tercer capítulo y el cierre de la saga, se pueden decir muchas cosas y el problema más grande que he enfrentado a la hora de escribir estas palabras ha sido decidir en qué centrarme. Lo que diré, sin duda alguna, es que cualquier seguidor de Star Wars esperaba con ansias esta película y que verla permite redimensionar lo ocurrido en todas las anteriores; para mí la epopeya épica que había sido hasta ahora esta saga se transformó, tras dos horas y media, en una tragedia (entendiendo tragedia en el sentido clásico del término) en la que el gran protagonista no es otro que el atormentado Anakin Skywalker.

Si las pudiéramos ver todas seguidas y sumergirnos sin parar en esa aventura de más de 12 horas la historia que veríamos sería el nacimiento del elegido, este niño diferente a todos (su madre lo concibió sin haber tenido ninguna relación sexual) y que parece ser podría ser el llamado a nivelar el poder de la Fuerza y doblegar el Lado Oscuro (mito mesiánico). Pero este tercer capítulo nos depara una sorpresa inesperada, tras un dialogo del temible Senador, que busca seducir al impetuoso, creativo y apasionado Anakin, nos es posible deducir que quién ha “creado” a Anakin es un perverso Sith. La revelación lo cambia todo y sobre todo permite ver con nuevos ojos las, muchas veces, criticadas películas anteriores que tienen como sentido crear el piso para comprender la tragedia que se cierne sobre el protagonista. El “inocente” muchacho a quien creemos que le cuesta trabajo controlar su temperamento en realidad hace esfuerzos sobrehumanos por doblegar las fuerzas oscuras que se debaten en su interior, él es, para decirlo claramente, el anticristo, el enviado del mal para darle poder al lado oscuro (los Jedis, obviamente, ignoran esta terrible verdad)

El atribulado Skywalker no consigue sosiego, los Jedis lo salvan de vivir como esclavo junto a su madre en el desierto pero no pueden evitarle el sufrimiento que le acarreará dejarla a ella ahí. El final de la madre será cruel, morirá torturada en total abandono. Anakin descubre, de la peor manera, que a pesar de su entrenamiento y poder evidente este no le sirve para evitar tan fatal desenlace, y que le fue imposible a él, todo un avezado guerrero, defender a su madre. Atormentado y culpable asesina sin miramientos al pueblo que considera responsable de esa muerte. Es una escena oscura en la que la furia del joven se desata. Por si toda esta tragedia fuera poca, se enamora de manera inevitable de Padmé, amor al que se ve predestinado desde el primer capítulo, no puede luchar contra ese sentimiento y es una relación imposible que debe permanecer oculta. Vale la pena aclarar que Anakin es el único Jedi al que se le conoce pareja. Mientras los demás Jedis buscan desapegarse del mundo material Anakin busca con desespero su lugar en el mundo, algo que le dé respuestas que lo ayude a encontrarse y para ello, crea con ansiedad lazos que le permitan hacerlo. El terreno está abonado, el confuso Anakin intenta balancear las exigencias entre su formación espiritual como Jedi, las esperanzas que recaen sobre él y el matrimonio clandestino que sostiene con Padmé (historia de amor trágico que tiene resonancias con Romeo y Julieta). El sutil equilibrio se rompe ante la noticia de que pronto será padre, realidad que hará que el matrimonio ya no pueda esconderse más, a lo que se suman unos sueños en los que parece presagiar la muerte de su esposa. Es el momento que esperaba el Senador que ha acompañado al muchacho desde su infancia, es en el momento de debilidad que necesita el “diablo” para ofrecer el trato que condenará al mortal (como en Fausto). Acorralado, Anakin flaquea, su talón de Aquiles, el temor. Es el miedo que ha conseguido anidar en su corazón (como lo percibe sabiamente Yoda) y nutrirse de las fuerzas oscuras que lo concibieron el que terminará perdiéndolo.

¿De qué le sirve la fuerza que dicen que tiene, el riguroso entrenamiento si su destino es quedarse solo? Los Jedis, ciegos a su desesperación, lo abandonan en el peor momento, le cierran puertas y ahí se entienden las palabras de Obi Wan Kenobi cuando en medio de la lucha final que sostiene con él le dice “te fallé Anakin”. Porque en últimas tanto los Jedis como el Senador esperan beneficiarse del muchacho pero no ayudarlo a resolver sus conflictos.

La decisión de unirse al lado oscuro atormenta a Skywalker, no es un paso fácil, baste anotar la hermosa escena simultanea de Padmé y Anakin contemplando el horizonte desde una ventana, desasosegados, ya incapaces de luchar contra un destino que los arrasa. Vale la pena aquí anotar la interpretación de Hayden Christensen como Anakin, en la que se mantiene contenido pero torturado. Los que gustan de las actuaciones melodramáticas, de rostros contorsionados, no verán satisfecha esa expectativa. La tribulación del joven Skywalker es interna y así la mantiene el actor, la carga dramática está en su mirada cargada de inquietud, de dolor, de rabia; asesina sin piedad pero las lágrimas corren por sus mejillas. Se ha iniciado su caída y es una caída dolorosa y sufrida. El espectador sufre con él, desea que no lo haga, se conmueve con sus silencios, pero se estremece horrorizado cuando Anakin saca su espada frente a los indefensos niños que se encuentran en formación para convertirse en Jedis.

Cada muerte injustificada lo pierde más y más, le otorga poder, el poder del Lado Oscuro, pero lo esclaviza a su nuevo maestro, a su nuevo amo, se ha convertido, de nuevo, en un esclavo. Por el camino Anakin lo pierde todo, pierde a Obi Wan su maestro y amigo que desilusionado le reclama con el corazón partido “pero si tú eras el elegido”; pierde las piernas, los brazos, se convierte en una masa deforme que aún es capaz de gritar “te odio” un te odio que es muchas cosas, que es un alarido herido y lastimero… te odio por que sabías quién era y quién pude haber sido, te odio porque estuviste conmigo y ahora quedo solo, te odio porque ya no compartimos el mismo destino…. Pierde a Padmé a la que intenta asesinar ya presa del delirio de aquel que se ve absorbido por el poder (“este será mi imperio” masculla enloquecido), y con ella pierde la justificación a su caída. El Senador lo sabe y por eso le hace creer que la mató, sin lazo que lo una al mundo Anakin no tendrá el valor de levantarse contra su destino, no tendrá motivos para desafiar el Lado Oscuro, se convertirá en Darth Vader mitad hombre, mitad robot, quien deberá ahora mirar el mundo desde su traje negro, alejado de la luz, atrapado por la culpa.

En su afán por evitar la muerte de Padmé termina ocasionándola, cumple su destino (como Edipo). La tragedia fue anunciada y el héroe caído desciende a su infierno personal. Sus hijos serán los encargados de conseguir su redención y es ahí cuando los últimos capítulos adquieren nuevos significados. El amor prohibido de Leia y Han Solo se convierte en un homenaje al amor trunco de Anakin y Padmé; la frase trágica de Padmé al morir: “él es bueno” será pronunciada de nuevo por Luke tras el enfrentamiento con su padre. Luke termina siendo la versión mejorada de Anakin (como Leia lo es de Padmé) y en el enfrentamiento final con Darth Vader (ese padre oscuro “dark father”) le devolverá el valor a Anakin para levantarse contra el emperador (como lo vaticina Yoda en este tercer capítulo al advertirle al Senador sobre los peligros de confiar ciegamente en su aprendiz) y liberarse de ese yugo. Libre al fin, podrá quitarse la máscara y entregarse a la muerte ya no como el esclavo que paradójicamente terminó siendo sino como aquel elegido capaz de devolverle el equilibrio a la fuerza. Anakin toma las riendas de su destino y es capaz de cambiar la suerte a la que estaba predestinado por su procreación oscura. ¿Cuál es su premio tras tan extenuante periplo? Verse libre al fin de las fuerzas oscuras que lo habitan e integrarse a la Fuerza convertido, al fin, en maestro Jedi y contemplar la celebración del triunfo, junto a Obi Wan Kenobi y Yoda.

Star Wars, como se ve, permite diversas lecturas, es una historia de iniciación, caída y redención, es la búsqueda de la expiación tras el crimen, es un canto heroico para aquellos que creen en la creación de un mundo mejor y en un llamado, por qué no, a convertirnos en los héroes de nuestra propia vida. Es, también, la esperanza de ver derrotado el mal cuando creamos, de una buena vez , que uniendo fuerzas sería posible hacerlo (finalmente, en la saga, es gracias al pueblo más primitivo y humilde que se consigue la victoria).

Por su parte, La venganza del Sith es un llamado de alerta contra todos los discursos totalizadores, contra aquellos que en nombre de la “justicia” y “la verdad” oprimen a otros para obtener su propio beneficio. Es un lamento por aquellos que toman sus armas para luchar por falsas causas y destinos prometedores en los que solo consiguen perder el alma y servir a un “maestro maligno”. Es una oda al hombre que debe dejar atrás sus pasiones para mirar con claridad, un llamado a buscar el centro, a aventurarse en la lucha y a no flaquear frente al miedo; y, finalmente, es una película que condensa tantas referencias, tantos mitos y comparaciones posibles que no deja de ser una invitación a dejarnos seducir por el poder de la fabulación, ese en el que creíamos de niños y en el que algunos aún creemos, ese que nos susurra que una historia bien contada si puede cambiar el mundo, nuestro mundo.

Cruzada (2005)

Voy a iniciar sin miramientos, me encantó la película.

Así de simple.

De seguro muchas cosas influyeron, el estado de ánimo, el sol de la tarde, predisposición a lo épico y la extraña fascinación (no soy muy original en eso) que ejerce en mí la presencia de Orlando Bloom desde su papel de Legolas en El señor de los anillos. De todas maneras, yo iba con las expectativas bajas, aún con Orlando a quien prefería rubio y estilizado, esto debido a que la última superproducción de tono épico de Ridley Scott , Gladiador, me había producido calambres abdominales. Todo me había caído gordo, las caras serias de Rusell Crown (creo que no es mi tipo), los clichés romanticones (él caminando hacia su difunta esposa en un reencuentro feliz), la inverosímil escena del emperador abucheado por su gente, en fin, como ven no me gustó nada.Sin embargo, la amarga experiencia no me ha hecho perder la fe en su director, es decir, si Ridley Scott fue capaz de dirigir Blade Runner, Alien o Telma y Louise, por solo citar algunas, es indiscutible que tiene talento y que conoce el oficio. Ahora bien, para hablar de Cruzada (es mejor la traducción El reino de los cielos) lo primero que es necesario anotar es que, en suma, lo que presenciamos es la historia de un héroe, en este caso, un verdadero caballero. Discutir si es verosímil o no que Balian (Orlando Blomm) pase a ser un avezado guerrero tras haberse dedicado a la herrería es creíble o no, no tiene sentido. La película es clara en eso, por las venas de Balian corre la sangre de Godofredo, Barón de Ibelin, el padre que desconocía y que se le aparece cuando ha perdido la fe para mostrarle sus verdaderos orígenes y sus capacidades ocultas. Su padre lo incita a unirse a las cruzadas y obedecer a Balduino IV quien se ha propuesto mantener el frágil equilibrio que se respira en Jerusalén, respetando las diferentes religiones que convergen en ese lugar. Balian asume con valentía y entereza ese destino y no cambiará de opinión aún ante las múltiples tentaciones que se le imponen.

Obviamente, este héroe perfecto sirve de contraste frente a los “malos”, otros cruzados que está más preocupados por su lucro y obtener poder que por otra cosa. Ya para entrar en materia anotaría que el conocimiento y manejo de la técnica que posee Ridley Scott, es evidente enCruzada. Ahí están unos increíbles planos, una fotografía cuidada y una impecable ambientación de la época. Se percibe con claridad el paso del mundo occidental a oriente, de los campos verdes y fríos a las arenas del desierto. Las batallas son impactantes, es cierto que hemos recibido, en los últimos tiempos, una avalancha de películas con este tipo de escenas y que ya, al parecer, nada nos sorprende; yo anotaría, en este caso, que me encantó la confusión que se percibe en estas escenas. En ellas, se escucha el barullo general, desordenado y confuso y es difícil percibir de donde vienen los golpes, quien está detrás o delante, en últimas supongo, recreadas cómo debe sentirse en la vida real enfrentar semejante situación.

Lo que me parece, sin duda el mejor logro de la película es su historia. El tema de occidente avanzando en “nombre de Dios” en busca de la recuperación de ciertas tierras no podía ser más oportuno. Jerusalén, la ciudad sagrada para tantas religiones se convierte en el símbolo de Ridley Scott para denunciar cómo, detrás de lo sagrado, lo que se esconde es la ambición, el ansia de poder y la avaricia. El nombre de Dios se esgrime como justificación para la injusticia y la traición. El enemigo aparente son los musulmanes y me sentí feliz de comprobar que el director toma el riesgo de mostrarlos fieles a su religión pero respetuosos con el extranjero. Saladino (interpretado magistralmente Ghassan Massoud), el rey musulman, es pausado, tolerante y respetuoso, no en vano es el representante de una cultura milenaria. Estos hombres de turbante no son unos fanáticos enceguecidos, ni unos bárbaros de espada, en la película no se les denigra y por el contrario, se menciona cómo han soportado diferentes invasiones sanguinarias y que ha pesar de eso insisten en buscar una convivencia pacifica. . Los cruzados, por su parte, se encuentran divididos entre los que como Godofredo creen en la posibilidad de mantener la paz y el respeto por las otras religiones y entre los que se sienten con derecho a apropiarse de Jerusalén y expulsar a los musulmanes. Para mí fue inevitable pensar en Bush y en los horrores que ocurren a diario en Iraq; la campaña de desprestigio hacia oriente lleva años y me pareció refrescante ver un llamado a vislumbrar otras posibilidades y que se diera espacio para cuestionamientos pertinentes, como el que hace el personaje de Tiberias (interpretado por Jeremy Iron) : “Vine aquí a luchar en nombre de Dios. Con el tiempo descubrí que esta era una batalla para obtener tierras y riquezas. Entonces sentí vergüenza”. Si eso no puede aplicarse a los sucesos de los últimos años en Oriente no sabría qué decir.

El llamado del héroe a la construcción de un mundo mejor, solo será posible si se prefiere la vida humana por encima de las religiones, las diferencias y las riquezas; ¿lugar común?, quizás, pero que millones de estadounidenses (y otros espectadores) paguen su boleta para ver una historia bien contada, con buenas actuaciones, fotografía impactante y una cuidadosa ambientación y, si de pasadita les explican que a los musulmanes los han atacado hace siglos con diferentes excusas y que tras eso ha habido sobre todo ambición y codicia, me parece más que suficiente.

PD. He leído muchas críticas a la historia de amor de la película, dicen que es muy breve y que se podría obviar. No me parece, finalmente, el zafarrancho lo termina de armar la mujer (típico). La escenas del romance no se acentúan, no es necesario, porque todas, lo aseguro, suspiramos por el héroe (gracias a los encuadres y primeros planos que le hacen a Blomm), y entendemos el camino de expiación que emprende ella para volverse digna de él.

Billy Elliot (2002)

Billy Elliot narra una historia sencilla: un niño de 11 años, nacido en el seno de una familia de mineros en Inglaterra, descubre, de manera inesperada, su pasión por el ballet y decide, a pesar de un entorno contrario a eso, que desea bailar.
La película, a primera vista, parece entonces una historia de superación personal: el muchacho, a pesar de las adversidades y gracias a su perseverancia triunfa y logra lo que quiere, o mejor, hace realidad sus sueños. Hay de eso, ¿cómo negarlo?, pero la película va un poco más allá. La familia de Billy no solo ha superado diversas vicisitudes, la muerte de la madre por ejemplo, sino que además se enfrenta a la larga huelga de mineros que tuvo lugar en 1984 (la primer ministro Margaret Thatcher, en su momento, llamó a los huelguistas: el enemigo interno). Decididos a luchar por una mejor calidad de vida, el padre y el hermano de Billy, apoyan la huelga y aguantan lo inimaginable. La lucha les da una razón de vivir, un sentido de dignidad. A punta de protestas, marchas y fortaleza estos hombres están dispuestos a hacerse oír. Billy, aparentemente ajeno a esto, enfrenta su propia batalla, perseverar en sus clases de danza a las que asiste a escondidas. Estas dos luchas, tienen un punto en común, oponerse a un entorno hostil, buscar maneras de ser escuchado y ganar un sitio en la sociedad a la que se pertenece. Lo hermoso de la película, es que realiza un sencillo homenaje al arte y las manifestaciones estéticas como productoras de comunicación y herramientas de sublimación. Es a través de la danza que Billy conseguirá expresarse de manera efectiva, será capaz de aceptarse y aceptar a los otros en sus diferencias y se convertirá en vocero de una minoría deprimida. No hay final feliz estilo hollywoodense sino una aventura interna de búsqueda y afirmación que llega a feliz término e ilumina la existencia de un puñado de hombres.

Comentario primer capítulo de Lost

El día que se estrenó el primer capítulo de la serie Lost en Estados Unidos alcanzó a tener una audiencia de 20 millones de personas. La cifra es impactante a pesar de que los gringos ya nos tienen acostumbrados a su exageración (¿dónde está la piscina termal más grande? ¿El ovillo de lana más grande? ¿La coca-cola más grande? Etc.)

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Esta serie ha conseguido posicionarse junto a Desperate Housewife (de la que hablaremos en su momento) como uno de los programas más vistos en ese país. En días pasados se realizó su lanzamiento simultáneo por la televisión por cable en los canalesSony y AXN. Al ver ese primer capítulo es fácil entender el por qué de ese rápido éxito. La historia se inicia en plena acción y con una imagen fuerte y contundente, un avión ha caído en una playa. Los pocos sobrevivientes (unos 48) salen de entre los escombros, aún colapsados por el golpe. Llama la atención que casi todos están en perfectas condiciones, pero bueno, la escena es creíble. Rápidamente conocemos a Jack (Matthew Fox) el apuesto e intrépido doctor, una suerte de cruce entre E.R y Mac Gyver y que sabe de medicina, puede sanar, pero también posee toda clase de conocimientos prácticos: es el primero en realizar una expedición jungla adentro en busca de la cabina del avión, tiene nociones básicas de pilotaje, de montañismo y de supervivencia.

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Es ágil, rápido y mantiene la calma en situaciones extremas gracias a un método propio: si siente temor cuenta hasta cinco, tiempo en el cual permite que el miedo se apodere de él, pero solo por cinco minutos, terminado el conteo es tiempo de retomar el control de la situación (¡Uau!), si ese no es el hombre que todas quieren no sé qué decir. El personaje de Kate (Evangeline Lilly) no tarda en ver todas estas cualidades en su compañero de accidente y es fácil suponer que allí existirá una cierta tensión sexual amorosa que ya fue esbozada. Ella, cómo no, es supremamente guapa y sexy y ya nos regalaron una toma de su curvilíneo y trabajado cuerpo en ropa interior, o tal vez era un bikini satinado. La chica es una heroína tipo Lara Croft, aguerrida y fuerte, a esto se le suma que esconde un oscuro pasado. Alrededor de ellos se mueven toda suerte de personajes: el japonés machista que tiene oprimida a su mujer (una representación del choque entre culturas y de , por qué no, ese discurso que le encanta a los gringos de que en su país se respira mejor y se es más libre).

La frágil japonesa, casi al final del capítulo, se desabotonó un botón tras ver la libertad de las otras mujeres y se esperan más actos de rebeldía y desacato a la autoridad masculina. A ellos se suma el rockero adicto (qué raro); la rubia tontarrona (inimaginable), que supondremos irá evolucionando y dejando de lado su gazmoñería y debilidad; el patán; el gordo rechazado; en fin, toda la fauna necesaria para una película que ocurriera en una preparatoria gringa. Aparece también el toque conciliador: el árabe que luchó por su país durante la guerra del golfo (prepárense republicanos).

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Como si recurrir a todas estas formulas conocidas y exitosas fuera poco los creadores de Lost dan un paso más al frente y ubican la acción en una isla perdida y misteriosa, en la que “algo” habita. Muchas tomas recuerdan de inmediato Jurassik Park (escena del capitán que es sacado violentamente de la cabina y mordisqueado por algo gigante que no se alcanza a definir). Cuando logran matar una de las amenazas que los acechan, los personaje descubren asombrados que se trata de un oso polar. ¿Evocaciones de La Isla del doctor Moreau? Puede ser, porque a ratos suena a experimento genético abandonado. El otro acierto es colgarse de la exitosa formula aplicada en el reality más visto en Estados Unidos: Survivor. Abandonados en la isla, como los concursantes del reality, los sobrevivientes del fatal accidente están condenados a convivir y trabajar en equipo para poder mantenerse con vida. Las personalidades extrañas o conflictivas aseguran historias para rato y el misterio de la isla genera suspenso y expectativa. Esperemos a ver qué nos depara el porvenir de esta serie y si podrán mantener vivo el interés del espectador.

Closer (2004)

El que vaya a ver Closer esperando, como de pronto lo pueden sugerir ciertos cortos, ver una historia de amor, sí, con traiciones y desplantes, pero finalmente de amor puede quedar un tanto sorprendido. ¿Creíamos que íbamos a ver cómo se gesta el amor?, ¿los pequeños gestos, los coqueteos que son la delicia de todos aquellos que gustan del género romántico? Para nada.

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La película se inicia sin miramientos, va rápido y se detiene solo para hacernos participes de ciertos momentos claves y de los crudos diálogos entre los protagonistas. Los saltos temporales se suceden sin preaviso, no esperen un condescendiente seis meses o un año después. Lo que vemos es la evolución o involución (auque el término suene extraño) de dos relaciones que corren paralelas y se cruzan de maneras inesperadas y peligrosas. La película es una adaptación hecha por Patrick Marber de su exitosa obra teatral del mismo título, presentada en Inglaterra. El director, Mike Nichols (¿Quién le teme a Virginia Wolf?, El graduado) se decidió a mantener el tono teatral y esa es otra de las razones por la cual la película se aleja aún más de las grandes producciones hollywoodenses y toma un tono más propio del cine independiente.

Es refrescante, y eso es necesario decirlo, ver a ese elenco de “luminarias”, como lo son Julia Roberts, Clive Owen, Jude Law y Natalie Portman, asumir el reto que propone este tipo de películas. Los cuatro actores consiguen dar vida a personajes complejos y convincentes acompañados por una banda sonora muy bien escogida que aparece solo en los momentos indicados.

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La fuerza de Closer se centra en los diálogos y en lo que allí se plantea. ¿Qué es el amor? ¿Cómo definirlo en una sociedad cada vez más individualista en la que las relaciones personales se han convertido, muchas veces, en oscuras transacciones de bajos deseos y represiones?Para la muestra baste recordar la escena de encuentro entre los personajes interpretados por Clive Owen y Jude Law en una página de sexo virtual. ¿Cómo definir el amor entre personas que se debaten de manera permanente entre la culpa, el fracaso el descontento y en el que ser otro, o pretender serlo se convierte en una estrategia necesaria para sobrevivir y no ver la sordidez que los rodea? Por eso es difícil ver esta película y sentir empatía por las historias de amor que allí se desarrollan, o, mejor dicho, por eso quisiéramos sentir que no nos parecemos en algo a esos seres desolados que están allí, recordándonos que la consecución del amor termina siendo la confirmación de la más profunda soledad y del desconocimiento absoluto de ese “extraño” que duerme a nuestro lado.