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violeta se fue a los cielos (2011) Andrés Wood

El  5 de febrero del 2012 se cumplirán 45 años de la trágica muerte de la cantante, compositora, pintora y bordadora Violeta Parra. La vida de esta mujer polifacética, apasionada y creativa que hizo de la recuperación del folclor de su país algo fundamental, es  el tema de la última película realizada por Andrés Wood.

El director chileno utiliza, como punto de partida, el libro homónimo escrito por el hijo de Violeta, Ángel Parra.

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Hacer una película sobre una vida interesante nunca es garantía de éxito. El carisma de una persona, sus decisiones pasiones y anhelos pueden terminar por verse completamente desdibujados en la gran pantalla. En el caso de los artistas, muchas veces, los esfuerzos cinematográficos por narrar sus vidas terminan centrados en las minucias de la vida cotidiana, en su temperamento difícil y muy lejos de su labor artística.

Este, sin duda, no es el caso de Violeta se va a los cielos.  Wood se vale de varias técnicas para conseguir una hermosa y entrañable película en la que consigue equilibrar la faceta humana y artística de Violeta Parra.

Lo primero que tocaría alabar sería la actuación de Francisca Gavilán, quién de manera muy atinada y sensible consigue darle vida a la artista.

En segundo lugar destacaría, sin lugar a dudas, la manera como  el director escoge contar la historia. La película inicia con un fondo negro, se escuchan algunos sonidos, el ruido del viento colándose por las hendiduras de una construcción en madera, el chirriar de esta. Sonidos que aparecerán en otras ocasiones, acompañados de una frase,  una suerte de mantra que se relaciona con la escena final de la película,  y que consigue darle un sentido un tanto cíclico a la historia, una suerte de destino marcado que se debe cumplir de manera inefable y trágica.

A partir de ese inicio diversos tiempos se cruzan y se tocan: el pasado de Violeta, un pasado de pobreza y dificultades  en el que la música está siempre presente; una de las pocas entrevistas que dio durante su vida, las preguntas insidiosas que le hacen y sus respuestas frescas y originales;  la búsqueda de aquellos cantaores que conservan viva la memoria de las canciones tradicionales y, por último, unas escenas simbólicas en las que  vemos a Violeta caminando por un bosque oscuro, solitaria, cargando su guitarra, que no sería otra cosa que la representación del recorrido vital de esta protagonista. Con sutileza Wood enlaza estos distintos tiempos, conectándolos, construyendo ante nuestros ojos las diversas piezas que componen una vida.  La  fuerza y decisión de Violeta, la claridad y determinación en sus pasiones, la conciencia de su talento acompañada de la inseguridad en su apariencia física. Su deseo de atención, los momentos en los que juega a fingir su muerte para asustar a los demás.  Su infinita necesidad de amor, su sensación de soledad.

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Y mientras todo esto ocurre  aparece la música, las letras cargadas de significado y esa voz dolida, fuerte y única producto de todo lo que estamos viendo.

Wood consigue llevarnos de la mano a recorrer el periplo vital e intenso, que fue la vida de esta chilena, en el que se percibe, como telón de fondo,  las particularidades de un país, sus tradiciones y costumbres, la dificultad de querer mirar sus raíces y el desprecio por lo tradicional. Vislumbramos la fuerza creativa pero también la capacidad de destruir de Parra; su inmensa generosidad  y su egoísmo con los más cercanos.  Los momentos en que vio  con claridad el camino a seguir y aquellos en los que sus pálpitos la engañaron y  descubrió, con dolor,  que aquello que para ella era tan importante no era valorado por todos.

El canto y el silencio. La alegría y el dolor. El amor y la soledad.  Una vida humana irrepetible y valiente.

Violeta caminando por ese bosque oscuro, Violeta contemplando a la gallina que es atacada por el gavilán, Violeta siendo ella misma esa gallina solitaria que no puede luchar contra ciertas fuerza exteriores e interiores.

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Wood consiguió hacer  una película profunda, poética y sensible. Un homenaje a esta mujer, a su país y tradiciones y una reflexión sobre la creación y el arte como elementos indispensables para la recuperación, creación y conservación de una memoria colectiva.

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