Lobo (2004) Miguel Courtois

Entre 1973 y 1975 Mikel Lejarza logró algo que parecía impensable, infiltrarse en ETA llegar hasta su cúpula y realizar un operativo que concluyó con la captura de  150 etarras propinando un golpe severo a la estructura de este movimiento armado.

30 años después de estos sucesos Miguel Courtois, con el guión de Antonio Onetti, llevó a las pantallas esta inusual  historia de vida de un hombre que escogió recorrer esa delgada línea que separa al héroe del traidor. Esto último,  sin duda, resume  el dilema de los infiltrados que arriesgan su pellejo, pierden, en mucho casos su familia y la vida que conocían y viven en medio de mentiras, sentimientos encontrados, verdades vetadas, buscando un fin que muchas veces deja de ser tan claro. Baste recordar, como ejemplo complementario,  Donnie Brasco (1997), que retrata otro caso de la vida real, y la genial interpretación de Jhonny Deep  en el papel de infiltrado de la mafia.

Courtois decide contar la película como un thriller policiaco  al mejor estilo de Hollywood y para lograrlo pone particular atención al ritmo, la música y, por supuesto, a  las escenas de acción  grabadas con gran realismo y consiguen mantener al espectador atado a la silla.

Además de esto, el ambicioso guión se detiene en explorar las contradicción de ETA, su división entre los que creen que debe contemplarse la posibilidad de formarse como un grupo político fuerte sin necesidad e utilizar las armas y los otros que sienten que sin ellas nunca conseguirán sus objetivos, ni serán tomados en serio. A esto se suma la ambivalencia de los servicios secretos responsables de la operación de infiltración quienes no dudan en abandonar  a Lejarza, cuyo alias en la operación es Lobo,  a su suerte cuando mejor les conviene.

Apoyándose en un inicio en acción y un posterior flash back que nos explicará todo, Courtois acompaña a Lobo, interpretado por Eduardo Noriega, durante su silenciosa transformación de persona del común a agente secreto.  Sin duda ahí había una veta interesantísima que a ratos se desdibuja  por privilegiar la acción pero bueno, así es la vida.  Eso sí no pueda dejar de sentar mi protesta por actuación de Melanie Doutey  en el papel de Amaia que es muy guapa, nadie lo niego, pero no consigue darle mucha profundidad a su personaje.

Quizás el mayor logro de la película sea la manera como muestra  a los Etarras y a los policías y lo difícil que es poder congraciarse del todo con alguno de ellos porque, finalmente, si algo queda claro es que tras las armas solo quedan las ansias de poder,  la ambición individual y poco o nada de la verdadera búsqueda de un bien común.

Lobo,  cuyas motivaciones no son fáciles de leer, se entrega a ese destino contradictorio y difícil  por el cuál recibirá prácticamente ningún reconocimiento. Hay vidas así.