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Sweet Sixteen (2002) Ken Loach

Liam tiene 15 años, su madre en prisión, un padrastro y un abuelo a los que detesta y una hermana mayor que ya tiene un hijo. La escuela es un recuerdo lejano para este joven que crece en el empobrecido suburbio de Greenock, Escocia, y pasa los días en compañía de su amigo Pinball. No es una vida muy distinta a la de cualquier muchacho de este lugar golpeado por el desempleo y la falta de oportunidades, tan lejos de las ventajas del primer mundo al que pertenece, si no fuera porque su madre va a salir pronto de prisión y él está decidido a hacer lo que sea necesario para que ella ocupe el lugar que le corresponde y tengan, al fin, la vida familiar con la que siempre ha soñado.

Liam & Pinball  [52768 F28a]

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La Aldea, historias para pensar el país (2016)

Escritura de la historia central de los ocho fascículos.

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“La Aldea cuenta la historia de una comunidad de animales que tienen diferencias, entran en conflictos, defienden ideas y buscan soluciones. Emmanuel Neisa, uno de los creadores de esta obra, dice que es una metáfora de Colombia. Además, es una herramienta para que los niños reflexionen sobre la importancia de la diversidad, la igualdad de derechos, la forma de establecer acuerdos y reglas, y sobre cómo solucionar conflictos a su alrededor

Cada viernes, desde el 7 de octubre hasta el 25 de noviembre de 2016, La Aldea circulará con la edición impresa de El Espectador. Esta es una serie de ocho historias coleccionables para niños realizada por Colombia2020, en asocio con la Unión Europea y con el apoyo de La Conversación Más Grande del Mundo, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Isagén, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Cámara de Comercio de Bogotá.”

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Ventanas

Las ventanas son aberturas hacia el exterior nos permiten ver hacia afuera desde un interior cómodo y resguardado.

Son también aberturas hacia los interiores que nos están vedados por muros que quisiéramos penetrar.

Nos revelan vidas ocultas, esbozos de personalidades.

A veces, también, son reflejos, fungen como espejos y entonces se transforman en algo extraño y particular: en un lugar donde lo externo y lo interno se funden, un instante fugaz donde dos realidades se mezclan.

Estas son algunas de las que me he topado viajando:

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Normandía,  atardecer de verano

ventana Lyon

 

Lyon, una ventana transformada en un cuadro en el que la lápara del sitio se funde con el reflejo y se transforme en una enorme luna llena.

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Figueras (con los enormes huevos del Museo de Dalí reflejándose)

 

 

El secreto de sus ojos (2009) Juan José Campanella

♥♥♥♥

Benjamín Espósito llegó al final de una carrera laboral como  secretario de un juzgado de instrucción  y  ha decidido escribir una novela. Sobre la historia que quiere contar no tiene que cuestionarse mucho, él sabe perfectamente sobre qué quiere escribir: el asesinato, en 1974, de una hermosa joven violentamente asesinada, después de haber sido violada, en su residencia.

Espósito regresa una y otra vez a esos momentos y a la investigación que se sucedió después de tan dramático suceso. Reconstruye las pistas que tuvieron que seguirse empezando por el elemento que dio los primeros indicios sobre el culpable: unas fotografías de grupo en las  que un hombre se distingue de los demás porque parece mirar siempre a la víctima arrobado, atontado, esa mirada (ese secreto de los ojos)  se convierte en el punto de partida de una investigación que deberá superar numerosos obstáculos.

Espósito intenta desempolvar todos los incidentes que se sucedieron durante esos días decisivos en los que se obsesionó con ese crimen, porque en esa muerte y en el amor imbatible del joven viudo hacia su mujer, de ese hombre que no quiere descansar hasta que se encuentre al culpable, Espósito encontró un paralelo con su propia  vida durante ese año y  el amor que empezó a sentir hacia Irene su jefa, que está pronta a casarse con otro. De una u otra forma, para este jubilado, retroceder 25 años le permitirá saber qué fue lo que perdió; él intuye que nunca nada fue lo mismo después de ese crimen, que su vida terminó por convertirse en “una existencia vacía” y por eso escribirá una novela, desempolvará los recuerdos, se expondrá a lo que conserva su memoria y la de los otros participantes en los hechos, y decidirá, de una vez por todas, afrontar las decisiones que tomó durante esos días decisivos.

Pasado y presente se enlazan de manera  armoniosa en la película, gracias no solo a un buen trabajo de edición y a un guión impecable, sino además a una gran labor de maquillaje y actuación que permite que de una secuencia a otra trascurran 25 años en los protagonistas de manera completamente verosímil. El espectador sigue el curso de la investigación y se sorprende con los giros inesperados que tomarán ciertos sucesos porque ese pasado se está transformando en un presente que nos atrapa y que será el único medio por el cual podremos entender ciertas situaciones del presente. Campanella logra con pulso firme construir secuencias de acción, escenas (como la famosa del ascensor) que nos quitan el aliento, y nos mantienen atentos y expectantes mientras, de manera paralela, nos cuenta de los tiempos difíciles que trascurrían en Argentina hace 25 años, tiempos en los que no era raro callar, encubrir; tiempos en que la justicia se convertía, muchas veces, en una farsa, una apariencia que actua solo a favor de ciertos intereses.

Ahí está Benjamín Espósito, recorriendo los pasillos que conoce de memoria, revisando ciertos informes, volviendo a pensar en lo que no ha dejado de pensar. El viudo le aconseja dejar de hacerlo “porque entonces tendrá miles de pasados y ningún futuro” y hay algo de cierto en eso, en que si se queda en el pasado repasando una y otra vez ciertas decisiones, ciertos momentos dolorosos e intentando comprender lo que ocurrió, lo que él otro pensó o dejó de pensar, (la mente de otro ser humano, ese lugar que nos está vedado y que tanto quisiéramos penetrar)  corre  el riesgo de quedar “detenido, suspendido en un momento” como dice Espósito que vio al viudo.  Pero, por otra parte, si no se hace nada entonces el pasado se irá desvaneciendo, será sustituido por lo que queramos y se convertirá en “el recuerdo de un recuerdo” y entonces  quizás, lo único que quede sea quedarse con los mejores recuerdos, con lo más bello, construir un recuerdo nuevo en la memoria que nos satisfaga; pero eso no cambiará, por desgracia, el resultado de ese pasado y cuando estemos allí, enfrentados al futuro que hemos construido, sabremos que algo no termina por encajar, que algo falta en este presente, cuando me enfrento a esos ojos que guardan otros secretos.

Espósito decide reabrir ese caso para poder cerrarlo de una buena vez. “Nunca volví a ver un amor como ese” dirá sobre el  sentimiento del joven viudo hacia su mujer. Lo cierto es que él nunca más volvió a sentir un amor como el que sintió en esa época y a veces toma 25 años aceptar esas cosas.

 

 

Amor sin escalas (2009) Jason Reitman

♥♥♥

Ryan Bingham se gana la vida haciendo lo que pocas personas quisieran: recorriendo el país, de un lado a otro, despidiendo personas. Jerry se sienta frente a ellas, las recibe en ese momento de total y única fragilidad y les comunica que se acabó, se ha terminado, no va más. No importa cuántos años hayan gastado en esa compañía su misión es hacer lo que los otros no quieren, ensuciarse las manos con el sufrimiento del otro y convencerlo de que debe abandonar la empresa hasta sintiéndose, por qué no, agradecido con esa decisión. No se necesitan hacer muchos esfuerzos para pensar rápidamente en la reciente crisis económica que golpeó los Estados Unidos e imaginar que lo que hace este personaje atraviesa por uno de sus mejores momentos. Bingham, además, sabe lo que hace,  lleva años viendo todas las posibles reacciones posibles y de alguna manera intenta generar una empatía rápida con las personas a las que debe despedir para hacer el trance menos difícil. Lo cierto es que esos esporádicos vínculos que genera con los empleados marcados por la desgracia son los únicos que establece este hombre que pasa su vida subido en un avión y que considera los aeropuertos su hogar.

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La reina (2006) Stephen Frears

La última película de Stephen Frears se enfrenta a un dificil reto : introducirse dentro de la monarquía inglesa, por si esto fuera poco escoge reconstruir lo ocurrido durante la semana que trascurrió tras la trágica muerte de Lady Di y la manera, como esta, remeció los cimientos del palacio real y sus tradiciones.

Lo dificil, sin duda, era conseguir no caer en lugares comunes y terminar removiendo el fantasma de Lady Di para enfrascarse en discursos lacrimógenos o críticas gastadas. Frears no pierde el rumbo en ningún momento, acompañado de un excelente reparto, deja que el peso de la acción recaiga sobre la veterana Hellen Mirren quien encarna a la reina.

Michael Sheen interpreta a un creíble Tony Blair y la película, sin pretensiones, termina por llevarnos de la mano y permitirnos entender el otro lado de la historia. El mundo monarquico, tan lejano para el común de los mortales termina aquí por revelar un lado humano conmovedor y triste.

Más allá de buscar victimas y victimarios la película se centra en las paradojas de un país dividido pero que encuentra un soporte moral y espiritual en su monarquía y cómo, la reina, ha enfrentado esa responsabilidad desde su juventud con firmeza y determinación.

Al final, sentimos, que por una vez, entendemos un poco más a Inglaterra….

 

De mujeres, relaciones y cobijas

Estos días han estado grises y lluviosos. Hoy es domingo y me he levantado muy temprano… Hace años descubrí que levantarme temprano un domingo me producía un placer íncreible. La cosa tiene algo de perversión, es levantarse a una hora que uno sabe que los demás duermen y es más, que se espera que uno duerma. Me gusta estar despierta porque la mañana del domingo parece detenida, los minutos trascurren despacio y puedes sentarte a escribir o a leer y el mundo parece haber contenido la respiración para que puedas hacerlo.

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