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La ingenuidad

Tras mi último post estuve durante varios días sin posibilidades de acceder a internet. Solo pensaba en la ingenuidad infinita de mi última entrada imaginando desde mi cómoda mesa a Emmanuel con su madre. No solo no iban en ese helicoptero sino que además el niño llevaba años alejado de Clara.
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No logro ser tan perversa, ni al parecer tengo tanta imaginación.

 

Hoy se puede hablar de la alegría de ver a dos secuestradas libres y podemos imaginar a Emmanuel empezando a reconocer los rasgos, la voz, las caricias de esa mujer que dice ser su madre. Sin embargo, hoy también recibí la llamada en la que me informaban del secuestro de dos personas que conozco. De nuevo me fulminó la extrañeza e impotencia que surgen al recibir esta noticia porque a pesar de haber hablado del tema con varias personas durante el día en uno u otro momento regresaba la cotidianidad, la vuelta al banco, el examen por corregir, hasta el chiste… una vida que trascurre mientras ellos, los secuestrados se preguntan cuánto tiempo durará su espera. Javier me dice que seguramente Alf hablará con sus captores e intentará convencerlos de liberarlo y que tal vez lo logre, yo también quisiera creer que este matemático extraviado en la selva tendrá las palabras necesarias para producir su liberación, que se obre ese milagro que me permita creer que la vida, ciertas vidas, se rigen con parámetros y morales que conozco y que mi ingenuidad aún es válida y tiene cabida en esta patria.

Le “robé” la foto a Javier… solo para decir como él: el de la izquierda, ese es Alf.